miércoles, 25 de enero de 2017

VEINTIUNO DE DICIEMBRE



   María, desde hace casi cincuenta años regresa a allí donde su corazón quedó parado, aquel día, cuando Luis se despidió de ella. El miedo a la cárcel marcó su destino, no hubo cartas, solo un volveré y el reloj que ella le regaló con su fotografía.

   Hoy, entre lágrimas, ella está fiel esperando, mientras observa la ciudad vestida de navidad, en ese instante una joven roza su hombro.

   -¿María?

   -Sí.

   La joven nerviosa abre su mano y le muestra el reloj.

   Ella asombrada pregunta

   -¿Cómo lo tiene usted?

   -Perdone, soy Silvia, la nieta de Luis, él siempre llevaba este reloj, nunca se separó de él.

   -¿Y Luis? 

   -Lo siento, falleció el pasado octubre, las circunstancias le impidieron regresar a España, pero sé que él jamás la olvidó, y en sus últimos días solo miraba este reloj. Ahora al revisar sus cosas, encontré un sobre con una nota que ponía: “te esperaré cada veintiuno de diciembre en la escalinata de la Biblioteca Nacional, nunca te olvidaré” y firmaba María, por eso estoy aquí, ya que sé que mi abuelo lo habría querido así, ¿sabe?, cuando él miraba su fotografía siempre decía:

“Recordar un buen momento es sentirse feliz de nuevo”.

(relato presentado al concurso de la Biblioteca Nacional "Historia de un reencuentro" Diciembre /2016)




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